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| ero y José María Sarasti: Contó ade- más con el respaldo de los doctores Vicente Lucio Salazar y Pablo Herre- ra, cuando estos en su momento ocu- paron la Vicepresidencia de la Repú- blica. Este intento de buscar la unidad nacional a través de un gabinete de concentración en el que daba cabida a todas las tendencias, produjo reaccio- nes negativas en los diferentes parti- dos políticos: los liberarles que se sin- tieron defraudados , los conservado- res inconformes y los propios progre- sistas insatisfechos. Soplaron enton- ces vientos de sublevación, y la pren- sa inició campañas agitadoras que de immediato culminaron en motines callejeros, que comenzaron a sucederse periódicamente. A pesar de los conflictos de política interna que vivía el país, su gobierno se preocupó constantemente por desarrollar e impulsar importantes programas sociales: Se inauguró el Hospital de Guaranda, se mejoraron escuelas en Quito y la Escuela Naval de Guayaquil, se inauguraron escuelas en diferentes ciudades y poblaciones, se añadieron cuatrocientos kilómetros al sistema telegráficos, salieron a la circulación lo primeros carros urbanos construidos en Guayaquil, por una empresa nacional. En 1894, un suceso lamentable y vergonzoso, en el cual nada tuvo que ver el presidente , inició la caída de su gobierno : El traspaso de una barco que Chile vendió al Japón, cuando este último país se encontraba en guerra con China. Dicho asunto fue el argumento que emplearon sus enemigos para desestabilizar su gobierno. Desde febrero de 895 y bajo el pretexto de haber participado en la "Venta de la Bandera" , liberales y conservadores se levantaron en armas contra su gobierno, y notables miembros de la Iglesia predicaron desde el púlpito en contra del presidente. Cordero sabía apreciar lo que valía una existencia pacífica sosegada y amaba como el dulce calor de hogar, pero en el momento de enfrentar cara a cara con los más graves peligros, fue el primero en presentarse al campo de batalla, y el último en retirarse. El miércoles santo, 10 de abril de 1895 durante seis horas hubo en las calles de Quito un violento combate entre simpatizantes de gobierno y liberales y conservadores aliados. Ese día, fusil en mano y acompañado por sus hijos peleó valientemente desde las barricadas levantadas junto a la puerta del Palacio de Gobierno hasta obtener una clara victoria militar, pero finalmente, en medio de un torrente de acusaciones infamatorias, renunció a la presidencia de la República en una emotiva proclama dirigida a la nación el 15 de abril dijo: "No he incurrido en culpa, he obrado de modo lícito con intenciones rectas, pero si la honra de mi patria exige que seáis injustos para conmigo y mi gabinete, sedlo en buena hora; tendré resignación suficiente para soportarlo. La actitud del ejército ha sido digna y con su apoyo podría continuar en el mando, pero no deseo que por mi culpa se continúe ensangrentando el suelo patrio" Y así, con esa patriótica proclama se puso fin al período Progresista y se inició una nueva etapa en la vida política del Ecuador, que comenzó en Guayaquil con el triunfo de la Revolución Liberal del 5 de junio de 1895. Luis Cordero murió en Cuenca el 20 de enero de 1912. Tenia 78 años. En la partición de bienes, la casa y hacienda correspondió la heredad a la tercera hija de Luis Cordero El Grande, Aurelia, poetisa y madre de poetas. Su hijo, Remigio Romero y Cordero, primer nieto del Patriarca, exaltó a Suramplati en “Egloga triste”, “Mallo” y otros poemas. La heredad pasó después a varios dueños. Dr César Cordero Moscoso, Rector-Fundador de la Universidad Catolica de Cuenca, nieto del Poeta y Sabio, adquirió parte de la propiedad y levantó en ella el Templete National y la réplica de la casa paterna, inaugurados en el Centenario de la Presidencia de Luis Cordero, junio de 1995. Referencias: http://vistazo.com/htm/gobernantes/gob11.htm http://www.explored.com.ec/ecuador/corcresp.htm |
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| Réplica de la casa Cordero |